Hoy se recuerda un nuevo aniversario de la muerte de Juan Gilberto Funes, uno de los ídolos deportivos máximos que tiene San Luis y que dejó su recuerdo en los sanluiseños que lo conocieron y en aquellos otros que con el paso del tiempo lo comenzaron a conocer a través de los relatos de los contemporáneos. De esa manera, el querido “Búfalo” pasó de ser un ídolo a un mito de los puntanos.

Alegre, humilde, frontal, simpático, respetuoso, bonachón… con éstas virtudes se puede resumir la personalidad de Juan Gilberto Funes, nuestro querido “Búfalo”, que después de ser un ídolo del fútbol puntano y nacional, pasó a ser un mito, justo cuando se quedó sin vida, aquel triste 11 de enero de 1992. Hoy se cumplen 26 años de su partida a la inmortalidad y el pueblo puntano lo sigue recordando.

Quienes tuvimos la dicha de compartir un partido de fútbol, un asado o simplemente un momento de su vida, podemos decir que conocimos a un tipo excepcional… “un fuera de serie”.

Y era así… un fenómeno para todo lo que hacía…no sólo jugando al fútbol sino que en la vida misma y en su amado San Luis.

Excelente hijo, padre, marido y ni hablar como amigo, ayudando al que podía, siendo solidario y compartiendo aún cuando tenía poco.

Esas cosas fueron trascendiendo de boca en boca y por ello todo el mundo sabía cómo era “El Juan” o “El Sapo” como le decían desde pibe o “El Búfalo de San Luis” o “El Misil Argentino” como lo bautizaron los periodistas colombianos.

Su idolatría crecía a base de goles, fuerza, potencia, garra y corazón, cualidades distintivas de su carrera deportiva y de su enorme físico que lo convertían en un verdadero “Tanque”.

Nació el 8 de marzo de 1963 fruto del amor de don Pedro Funes y doña Martha Baldovino y con casi cinco kilos hizo su presentación ante la sociedad puntana..

Fanático del fútbol y también del automovilismo, Juan creció entre los “fierros” del taller mecánico de su papá y el fútbol del barrio, los babys y del club Huracán.

Su carrera futbolística fue por: Atlético Huracán de San Luis, Sarmiento de Junín, Jorge Newbery de Villa Mercedes, Sportivo Estudiantes de San Luis, Gimnasia y Esgrima de Mendoza, Millonarios de Colombia, River Plate, Olimpiakos de Grecia, Vélez Sársfield, la Selección Argentina y hasta entrenó en Boca Juniors pero no pasó la revisación médica que le impidió jugar en el club de La Ribera. Sólo alcanzó a jugar un amistoso ante Banfield y los hinchas boquenses también lo empezaron a idolatrar. Algo muy poco común para un jugador que había jugado para su archirrival.

Sus conquistas más significativas fueron en Millonarios de Colombia cuando convirtió el gol 3.000 del club y eso le valió hasta que se grabara un disco en su honor consiguiendo los apodos de “El Búfalo de San Luis” o “El Misil Argentino” y en River Plate donde consiguió por primera vez en la historia del club quedarse con la Copa Libertadores de América y con la Copa Intercontinental de clubes.

Su hora más gloriosa con River Plate, campeón de la Libertadores y de la Intercontinental.

Su hora más gloriosa con River Plate, campeón de la Libertadores y de la Intercontinental.

Amante de su San Luis querido, Juan fue siempre un defensor y un gran representante de su pueblo a quién extrañaba mucho cada vez que le tocaba viajar. También extrañaba mucho su casa en San Luis, su familia, su barrio, sus  afectos y su patria.

Sin embargo, ya maduro, experimentado y mucho más aplomado en su vida, Funes quiso volver a Europa y el Niza de Francia lo tentó para jugar allí pero su incipiente problema cardíaco se lo impedirían. No pasó la revisación médica y volvió al país.

Intentó en Boca y hasta jugó un partido de práctica con Banfield pero podía hacerlo en la alta competencia y tuvo que dejar el fútbol, a pasar de los intentos que hizo en San Luis para volver a jugar, a tal punto que se incorporó a Defensores del Oeste y jugó algunos cotejos amistosos.

Su corazón enfermo le decía que tenía que dejar la práctica activa del fútbol. Vinieron luego las operaciones en Mendoza y un verdadero “calvario” a causa de las mismas. No obstante, tuvo tiempo para inaugurar su Escuelita de Fútbol, donde hoy su hijo, Juan Pablo tiene funcionando la fundación “Corazón de Búfalo” donde trasmite los mismos valores y sentimientos de su padre.

Sobre su muerte, Diego Armando Maradona, quien vino a San Luis  a su velorio, diría luego en su libro “Yo Soy El Diego”: “Hoy podría agregar al Búfalo en la lista de mis grandes amigos, de los más íntimos, aunque recién hablamos y nos sentimos juntos en serio, con profundidad, en los últimos quince minutos de su vida, El estaba internado, con el corazón roto, pobre, con el corazón partido. Ver a ese oso bueno, a ese hombre enorme postrado en la cama, era una imagen tremenda, muy dolorosa. Con Claudia seguíamos la cosa bien de cerca. Y el último día, por esas cosas del destino, por esas cosas que el Barba tiene reservadas para mí, yo estaba ahí, justo ahí, al lado de la cama. Y se murió, ahí, nomás. Casi en mis brazos”.

Fue velado en la Casa de Gobierno de su San Luis y despedido por más de 40 mil personas que colmaron las calles puntanas en una manifestación espontánea de amor hacia su ídolo.

Ese 11 de enero a las 0:00 horas de San Luis y 23 del día 10 de enero de 1992 para Buenos Aires (había una hora de diferencia con la Capital Federal) moría Juan Gilberto Funes, un ídolo que se comenzaba a transformar en un mito.

“Porque nunca renegó de su origen, porque permanentemente mantuvo la humildad, porque siempre regresó a su provincia, porque proyectó de manera brillante a su patria chica por el país y el mundo… Su pueblo no lo olvida”, se lee en la plaqueta de su monolito, emplazado en la Avenida Illia en su intersección con Junín y San Martín y que resume lo que fue Juan más allá del fútbol.

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