El martes 13 de marzo de 2013, para asombro de los argentinos, Bergoglio era elegido líder de los católicos del mundo.

A veces uno se imagina al Papa como un rey, un monarca que “gobierna” sobre 1.200 millones de católicos y tiene su propio reino en el Vaticano, con todo el poder para dictar a sus fieles los mandatos que deben seguir.

Francisco llegó a la “Cátedra de San Pedro”, el trono de la Iglesia Católica, tras la renuncia de su antecesor, Benedicto XVI, y prometió una renovación de la Iglesia.

Pero incluso un Papa tan popular como Francisco choca con los límites de su mandato cinco años después de llegar al poder: para algunos, el argentino de 81 años es demasiado moderno; para otros, incluso un populista. En cambio, otros creen que no ha cumplido sus promesas.

Inmediatamente después de ser elegido el 13 de marzo de 2013, quedó claro que Jorge Mario Bergoglio haría las cosas de otra manera. Por primera vez en casi 1.000 años el Pontífice no eligió el nombre de otro Papa, sino de un santo, San Francisco de Asís.

Renunció a los zapatos rojos y los departamentos en el Palacio Apostólico. Se trataba de un Pontífice que conmovía al pueblo y no a los teólogos, una figura querida o, para quienes no tenían ningún interés por la Iglesia, al menos curiosa.

“Se vio impulsado por una ola de opiniones positivas”, asegura Benjamin Leven, de la editorial religiosa Herder en Roma. “Alguien que ordenó a la Iglesia ejercicios de relajación. Lo contrario que su antecesor”.

Francisco defiende la libertad de conciencia de cada individuo, se muestra tolerante y cercano a los divorciados vueltos a casar, los homosexuales y los protestantes o los curas que abandonan su sacerdocio por una mujer. Impulsa debates sobre el futuro del celibato y se guía por el análisis de cada caso particular en vez de los principios, los dogmas y mandatos morales. Le va más la práctica que la teoría. No es un profesor de teología como Benedicto XVI, si bien todo lo que hace está bien argumentado a nivel teológico.

Frontal y directo

Defiende una hermandad entre los obispos, la variedad entre las Iglesias locales: no todo debe ser regulado de la misma forma desde Roma. “Hay una apertura fresca. Se puede volver a hablar abiertamente”, explica Thomas Schüller, experto en derecho canónico en la Universidad de Münster, sobre el ambiente bajo el pontificado de Francisco. “No le cortan a uno la cabeza por hablar claro”.

Francisco cumplió su promesa de ir “a las periferias”. Nombró cardenales de regiones lejanas y visitó en sus viajes países como Corea del Sur, Albania, Bangladesh y varios de su América Latina natal. También a nivel social se centra en los marginados e invita a personas sin techo o refugiados al Vaticano y se reúne con presos o con personas desfavorecidas. Una “Iglesia pobre para los pobres” es su lema.

Pero aunque a diferencia de su retraído antecesor volvió a hacer simpática la Iglesia para muchos, se ha formado tal ejército de resistencia en su contra que el experto vaticano Marco Politi habla incluso de “una guerra civil soterrada”.

Sus adversarios posiblemente no son mayoría, pero son activos, bien conectados y afines a los medios. Opinan que las medidas modernizadoras de Francisco van demasiado lejos. Cuatro cardenales desafiaron abiertamente al Papa y le pidieron explicaciones por su texto sobre la familia “Amoris Laetitia”, en el que Francisco pide tratar la cuestión de los divorciados vueltos a casar. Otro grupo reunió firmas e incluso acusó al Papa de herejía, es decir de apartarse de la doctrina de la Iglesia.

Francisco tampoco suma amigos dentro de la Curia cuando en sus discursos navideños da un repaso a los miembros del aparato administrativo de la Iglesia y les echa en cara su arrogancia y vanidad. No son sólo los cardenales los que dicen sin disimulo que no les agradan los nuevos vientos del Vaticano.

“Un Papa carismático no basta para abordar en poco tiempo todos los sectores problemáticos”, asegura Schüller. “Creer que basta con chasquear los dedos para que todo marche bien es una idea descabellada. También este Papa depende, para bien y para mal, de otros para implementar sus ideas”.

 

El Papa tuitero, con sus “píldoras para el alma”

Francisco es una figura muy cercana no solamente en sus discursos y apariciones públicas, sino también en el medio por excelencia de la actualidad: Twitter.

Es sin duda el Papa más tuitero, y también el primero que ve reunidos sus mensajes en la red social en un libro, titulado “Píldoras para el alma” y recopilado por el periodista y experto en el Vaticano Juan Vicente Boo.

Publicado en noviembre por Espasa, el libro recoge “sus mejores tuits”, en total 500, ordenados por temas. “Estaban ahí como si fuese un libro de meditación al estilo de Kempis o al estilo de los libros de meditación clásicos de la historia”, explica Boo.

Una de sus características es que “son tuits de gran humanidad con los que pueden identificarse personas que no tienen fe, o que no practican”. Y que hay “una espiritualidad muchísimo más profunda de lo que cabría esperar en comunicaciones efímeras como son los tuits”.

El secreto es el ejemplo. Cualquier persona puede ver que hace cosas, asegura Boo, que visita enfermos, abraza a personas ancianas, va a campos de refugiados. “Y para enganchar a los jóvenes con el medio de comunicación del siglo XXI, lo que hace es seguir el ejemplo de Jesús, que salía a recorrer los caminos de Palestina. Él sale por los caminos de hoy, que para muchísima gente son las redes sociales”.

Benedicto XVI vs. Francisco: qué los separa y qué los une

Francisco fue nombrado papa tras la inesperada decisión de su antecesor, el alemán Benedicto XVI, de renunciar al papado. Ambos son muy distintos: un teólogo frente a un carismático predicador; aunque también hay similitudes.

QUÉ LOS DIFERENCIA

Personalidad: Uno llevaba los zapatos rojos de los papas, el otro calza modelos negros ortopédicos. Uno vivía en el Palacio Apostólico y el otro prefirió quedarse en la casa de huéspedes de Santa Marta. Benedicto, el Papa intelectual, evitaba el contacto con los fieles, mientras que Francisco, el Papa pop, disfruta del baño de multitudes.

Lenguaje: Mientras que los discursos y prédicas de Benedicto XVI normalmente eran comprensibles sólo para los teólogos, a Francisco le gusta el lenguaje sencillo y las comparaciones gráficas. A menudo se aparta de lo que tiene escrito y desata sonrisas o causa perplejidad. Por ejemplo, cuando dijo que los creyentes no necesitaban reproducirse “como conejos” para ser buenos católicos.

Práctica frente a teoría: Francisco no da tanto peso al dogma y al derecho canónico como Benedicto. Anima debates sobre temas antes tabú, por ejemplo sobre el futuro del celibato, el papel de la mujer en la Iglesia y la sexualidad. Le importa más analizar cada caso individual que aplicar los principios, dogmas y preceptos morales. La práctica es para él más importante que la teoría.

QUÉ TIENEN EN COMÚN

Lucha contra los abusos: Bajo el pontificado de Benedicto salió a la luz todo el escándalo de los abusos a menores y el Papa alemán anunció una política de “tolerancia cero”, se reunió con víctimas y luchó contra los intentos de encubrimiento en la Iglesia. También Francisco siguió esta línea, pero las cosas no avanzan tan rápido como prometieron ambos Pontífices.

Orden en las finanzas vaticanas: También durante el papado de Benedicto quedó al descubierto la turbiedad del Banco Vaticano y el hecho de que dudosos personajes depositaban allí su dinero. Se comenzó a hacer limpieza y Francisco ha seguido avanzando en ello. Pero los escándalos financieros siguen sacudiendo de vez en cuando al estado pontificio. Y precisamente el responsable de las Finanzas vaticanas, el australiano George Pell, enfrenta en la actualidad en su país acusaciones de pederastia.

Fuente – Los Andes

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