Así se hacen los mejores caballos de polo del mundo

La hechura es una etapa fundamental en la que el caballo domado aprende a jugar al polo. Paciencia y sensibilidad, virtudes infaltables para llegar lejos.
jueves, 07 de febrero de 2019 · 07:20

Los caballos de polo son uno de los productos en los que la Argentina no tiene competencia a nivel mundial. En ningún lugar se encuentra tanto conocimiento y gente preparada para enseñarles a los animales todo lo que necesitan para lucirse entre los arcos de mimbre. Pero no son cosas que se aprenden de un día para el otro, sino que son procesos que llevan, en promedio, unos siete años, y que involucran a muchas personas en diversos roles.

La hechura del caballo es, justamente, esa enseñanza que lo hace dejar de ser un caballo común y corriente para ser un caballo de polo. El animal ya fue criado con la mejor genética posible, se lo amansó y domó, y es hora de prepararlo para que algún día salga a la cancha y exprese su máximo potencial.

“La clave de la hechura es ser observador y tener sensibilidad a lo que el caballo te dice para poder llevarlo al cien por ciento de sus posibilidades”, explica el hacedor Gastón Laulhé, y su colega Juan Pérez agrega, a las virtudes necesarias, la paciencia: “Son periodos largos, un caballo hasta los siete años no está en condiciones de jugar al polo de verdad”.

Juan Pedro Harriet divide ese proceso en tres etapas. “Primero nos entregan lotes de caballos ya domados, de tres años y medio, y empezamos a agarrarlos a todos con la misma embocadura para montarlos de a poco y empezar a conocerlos. No todos necesitan el mismo trabajo, hay caballos más precoces o menos precoces, más o menos inteligentes. Ahí ya se empieza a ver la mansedumbre, el temperamento, las condiciones…”, explica, y detalla que el objetivo de esa primera etapa es que el animal galope para adelante y que le pierda el miedo al taco y la bocha, que salga “taqueado”.

Lo que sigue un un descanso de entre dos y cuatro meses, algo fundamental para que el caballo asimile lo aprendido y que se le vayan los dolores que puedan haber aparecido, y luego se pasa a una segunda etapa en la que los caballos empiezan a hacer prácticas de polo reducidas, en canchas chicas, de dos contra dos. Es recién cuando el caballo tiene alrededor de cinco años y medio cuando empieza a jugar sus primeros partidos y torneos, pero eso no es siempre igual porque, como remarca Harriet, “es importante respetarle los tiempos al caballo”. “Hoy la genética mejoró mucho, pero depende del factor humano que esa genética pueda expresar todo su potencial”, afirma.

Foto: JUAN MABROMATA / AFP

Foto: JUAN MABROMATA / AFP

Los hacedores son quienes, de a poco, con mucha mano y sutileza, ponen al animal en las diversas circunstancias a las que los puede exponer el polo. Giros, piques cortos, corridas largas, frenadas bruscas y salidas para el otro lado. De a poco se va subiendo la exigencia, corrigiendo errores, trabajando la psicología y la capacidad física del caballo deportista. A la hora de enumerar las características deseadas, Harriet elige la resistencia, la boca -que representa la sensibilidad- y el temperamento.

Pero antes, y mientras tanto, son muchas las personas que hacen su aporte. “Desde el centro de embriones, el campo, los domadores, los veterinarios… deben ser como quince personas que forman parte”, dice Juan Chavanne. “La dimensión de cría de caballos para polo de la Argentina no existe en ningún lugar del mundo, y eso demanda mucha mano de obra”, agrega Laulhé.

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