Estamos embuchados de “trigodólares” y “birra-dólares”

La liquidación de divisas, en enero por los cereales de invierno, permite a la economía dejar de penar por un “puñado de dólares”.
jueves, 07 de febrero de 2019 · 07:21

Estoy un poco más optimista que de costumbre, lo que es mucho decir. Pero esta vez al menos tengo buenos fundamentos, aunque también tengo una preocupación fuerte por ciertas cosas que no marchan como debieran.

Lo que me pone bien es ver el dato de la liquidación de divisas de los exportadores en enero 2019. Fueron 1.750 millones de dólares, una cifra inusual, porque lo normal es que este nivel de ingresos ocurra durante el otoño, cuando entra la cosecha gruesa. Principalmente, la soja, que comienza a cosecharse en marzo. Esta vez fueron los granos finos, fundamentalmente trigo y cebada, que se levantan a fin de año.

Hubo dos factores: un cosechón de 19 millones de toneladas de trigo, y 4 más de cebada. El valor total de la producción de estos dos productos supera los 4 mil millones de dólares, lo que indica que en el mes de enero los productores prácticamente vendieron la mitad de la producción.

Es sabido que los exportadores no están integrados verticalmente. Para exportar, primero tienen que hacerse de la mercadería. Y para comprar hace falta plata. Entonces, liquidan divisas cuando el productor vende. Salvo en casos especiales, como ocurrió en enero del 2016, cuando la salida del cepo y la unificación cambiaria que tan exitosamente manejó Alfonso Prat Gay fue apoyada por una liquidación anticipada de divisas por parte de las grandes exportadoras.

Esta vez, el ingreso no fue anticipo alguno. Fue simplemente trading. La diferencia es enorme: antes penábamos por un puñado de dólares. Ahora, como diría el Pepe Mujica, “estamos embuchados”. El Banco Central tiene que salir a comprar para evitar su caída.

No me gusta hablar del campo y la agroindustria como fuente de dólares, porque son mucho más que ello. Pero la realidad es que si hay un sector que tiene incidencia macro económica es éste. Quizá los analistas no hayan evaluado a fondo los orígenes de la crisis de abril/mayo del 2018. Coincidió con la certeza de que el ingreso de divisas estaría fuertemente afectado por la caída de la cosecha, fruto de la sequía. Perdimos 30 millones de toneladas, unos 8 mil millones de dólares.

Ahora, además de los trigodólares y los birradólares (los de la cebada cervecera), vienen los que traerán el maíz (5 a 6 mil millones), del girasol, el maní, el arroz y…la soja. Ya están hechos: los cultivos lucen impresionantes prácticamente en todo el mapa agrícola. Este año no se repetirán las penurias del 2018. Todos sabemos lo que significa una macro sana. Insisto, el campo es mucho más que esto, pero con esto ya aporta bastante, ¿no?

El lado amargo es el dato de la primarización del complejo sojero, el más importante a la hora de aportar divisas y también valor agregado. Lo que está sucediendo es que estamos exportando cada vez más soja sin procesar, que los derivados industriales. En diciembre pasado se exportaron 870.000 toneladas de poroto “crudo”, contra solo 27.000 toneladas un año antes. Un incremento del 3.000%. En todo el año, según el INDEC se molió un 12% menos que en el 2017, y ahora fuentes del sector calculan que en el 2019 sólo se procesarán 35 millones de toneladas. Esto significa una capacidad ociosa del 46%.

No es un tema menor, tratándose de la principal actividad económica de la Argentina, la mayor proveedora de divisas y la que mayor flujo de inversiones recibió en los últimos 30 años. Que esté a media máquina significa un riego enorme, aparte del hecho concreto de que se está trasladando al exterior el valor agregado y el trabajo de miles de operarios en un mundo que no regala nada.

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