Hace siete años y medio, Adriana Denise Jiménez Zuñiga decidió emprender un viaje que marcaría un antes y un después en su vida. Con la determinación de empezar de nuevo, vendió su auto, cambió sus ahorros a dólares y partió de San Luis rumbo a México, con el propósito de crecer personal y profesionalmente.
“En ese entonces recuerdo que el dólar estaba a tan solo 30 pesos, hoy en día charlo con mi familia y mis amigos que me comentan de la realidad que están pasando y me cuesta entender”, dijo la joven de 31 años, quien prefiere que la llamen “Angie”, como le dicen sus allegados.
Contó que primero llegó a Perú donde pasó un tiempo en el Machu Pichu y también en Cuzco. Fue conociendo gente y de esa forma siguió recorriendo hasta llegar a Ecuador. Allí permaneció otro periodo hasta que finalmente arribó a la isla Holbox que forma parte del norte de la península de Yucatán de México, en el estado de Quintana Roo.
En todos esos lugares a los que llegó realizó trabajos de mesera, de cajera, y hasta de voluntaria en hosteles, pues el dinero que había obtenido gracias a la venta de su auto solo le duró un año y medio. “La isla es un lugar muy virgen y con mucho turismo, eso hace que uno pueda tener una buena estabilidad económica”, destacó.
Aseguró que la experiencia de salir a recorrer como mochilera es algo que le nació tras escuchar el testimonio de otras personas que ya habían vivido la experiencia. En San Luis trabajaba como acompañante terapéutica, es egresada de la Universidad Católica de Cuyo.
Al decidir emprender viaje su familia la apoyó. Con ellos mantiene contacto permanente gracias a la variedad de aplicaciones y medios de comunicación que existen en la actualidad. “Hoy en día los sobrinos que tenía ya están grandes, han crecido, y en este tiempo han nacido sobrinos nuevos”, dijo riendo y agradeciendo no poder perderse de nada de eso y aunque sea de manera simbólica verlos a diario.
Resaltó que en San Luis “no tenía hijos ni un amor” que le impidieran emprender la aventura. Cuando se radicó en la isla Holbox fue porque la pandemia la obligó. Allí se radicó y conoció a Matias Sandoval, quien desde hace cinco años se convirtió en su compañero de vida y socio en un carro de comidas callejeras al que bautizaron con el nombre “Matambre” – Fast Grill.
“Ofrecemos comidas callejeras, acá en México es muy típico este tipo de servicio. Hacemos comidas a la parrilla, la típica Argentina. Mi novio es de Buenos Aires y tiene mucho conocimiento sobre bodegones así que él ayuda mucho”, contó.
Su propuesta ha ido creciendo con el paso del tiempo y los obligó a ofrecerles un servicio más confortable a sus clientes y los turistas que llegan. “A veces no damos abasto con las sillas y mesas que ofrecemos y la gente termina sentada comiendo en el cordón de la vereda por lo que el mes que viene vamos a abrir un bodegón llamado con el mismo nombre que el carro. Ahí vamos a ofrecer parrilladas, mesas para más cantidad de personas y va a ser un espacio para que se pueda disfrutar en familia”, expresó.
Junto a su novio planean darle inauguración al lugar en los primeros días de noviembre. Resaltó que está a tan solo a una cuadra de la playa lo que lo hace completamente cercano al paso de los turistas.
Así como ella necesitó palabras de aliento y de acompañamiento para salir de su zona de confort y animarse a lo nuevo, hoy en día lo transmite y lo pregona. “Realmente es lo mismo que dicen todos: que luchen por sus sueños. Es verdad que cuando realmente tenés una idea fija en la cabeza que la sigas y que pongas mucho trabajo y empeño que al final vas a logar tu cometido. No hay forma de errarle al camino, es trabajando, es dándole para adelante. Suena muy trillado, pero es así”, cerró la joven, a quien le fue imposible evitar que se le quebrara la voz.
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