EXPLOTACIÓN

La doble cara del "oro azul" en la extracción de cobalto: explotación y trabajo infantil en un país africano

La República Democrática de Congo posee el 52% de las reservas de cobalto del mundo. Es uno de los países con mayor índice de pobreza −del 73% según el
lunes, 20 de enero de 2020 · 21:06

Banco Mundial−, pero uno de los más ricos en cuanto a recursos minerales imprescindibles para la industria tecnológica, como el llamado oro azul. El cobalto se ha convertido en un metal estratégico en los últimos años para el sector automovilístico, ya que es capaz de aumentar la duración del ciclo de vida de las baterías de ión litio de los vehículos eléctricos.

La extracción de este metal está cargada de controversia, con acusaciones por explotación y trabajo infantil. La más reciente fue la demanda que la organización de defensa de los derechos humanos International Rights Advocates interpuso a Apple, Microsoft, Alphabet, Dell y Tesla.

En el documento se denuncia que estos gigantes tecnológicos son cómplices en el uso de fuerza de trabajo infantil en la extracción de cobalto que utilizan en sus productos: “No solo se obliga a los jóvenes a trabajar a tiempo completo en trabajos de minería extremadamente peligrosos a expensas de su educación y futuro sino que estos también sufren mutilaciones y mueren cuando los túneles se hunden”.

Terrence Collingsworth, el abogado que interpuso la demanda, comenta a La Vanguardia que los programas contra la explotación infantil de estas compañías son “minúsculos y no tienen ningún impacto real“.

Según los especialistas, los programas contra la explotación infantil en el ámbito de la extracción del cobalto no tienen mucho impacto.

La cadena de distribución es opaca. Siddhart Kara, experto en procesos de esclavitud moderna, ha visto de primera mano las precarias condiciones de los mineros que trabajan ilegalmente y la complejidad de demostrar qué parte del cobalto se ha excavado mediante minería artesanal.

“Todo el cobalto se mezcla en una fase preliminar de refinado, por lo que resulta imposible separar el que se ha excavado de una mina en la que los empleados tienen equipos de seguridad y salarios dignos de aquel que viene de un niño o campesino explotado”, explica en una conversación telefónica.

Alrededor de un 20% del cobalto congoleño lo extraen los creuseurs, (“cavadores” en francés), según el Servicio de Asistencia y Marco de la Minería a Pequeña Escala (Saesscam), una comisión del ministerio de Minas, aunque Kara considera que el porcentaje es mucho mayor.

Las condiciones de extracción del cobalto en África Central son oscuras, y a ello contribuyen tres factores claros: la debilidad del Estado, la economía de guerra que desempeñan los grupos de poder a escala local y China. 

Óscar Mateos, experto en el análisis de los conflictos armados en África, afirma que “la presencia del Estado es muy complicada debido a la complejidad de un país tan grande y que afronta numerosas crisis políticas”. Añade que “no podemos entender la presencia del gobierno congolés como un Estado clásico o europeo, sino como un territorio en el que se solapan muchas relaciones informales corruptas y de poder”.

Según Mateos, los grupos y líderes locales desempeñan un papel fundamental en la organización territorial de la República Democrática de Congo y la lucha por los recursos. “Son actores que se convierten en figuras de autoridad legítimas ante la ausencia del Estado −explica–. Algunas comunidades pueden sentirse vulnerables ante otros grupos, lo que los lleva a confiar en que estos señores de la guerra les protejan”. Esta competencia entre comunidades por el control de la distribución de la tierra y la explotación de minas locales a menudo se convierte en una lucha generalizada a lo largo de una provincia.

En medio de esta coyuntura de violencia, inseguridad y pobreza, China ha aprovechado al máximo una oportunidad de negocio que le ha dado ventaja respecto al resto de las potencias internacionales: la explotación de las minas de cobalto. El gigante asiático ha conseguido la concesión para explotar minas de cobalto a cambio de construir infraestructuras, como carreteras y presas hidroeléctricas. Todos los expertos consultados coinciden en el monopolio de China en el cobalto congolés, aunque la británica Glencore también tiene una presencia importante en el país.

Joaquín Proenza, profesor de recursos minerales en la Universitat de Barcelona, asegura que “China es el mayor productor de cobalto refinado del mundo”. Sorprende la reacción tardía de Europa y de Estados Unidos, dada la importancia de este metal en el desarrollo de las tecnologías del futuro. “Asumieron que siempre se podrían importar estos recursos de los países productores, mientras que China tuvo una visión y estableció contacto directo con los gobiernos de África y América Latina”, reflexiona Proenza. Además, China se ha convertido en el mayor productor de baterías de ión litio.

La fiebre del cobalto bajó después de que la transición al coche eléctrico no se diera al ritmo que se esperaba. Entre octubre de 2017 y marzo de 2018, el cobalto registró precios de hasta 90.000 dólares por tonelada, el triple que en los años anteriores.

“Este incremento se dio porque los empresarios querían asegurar su suministro, pues la revolución del vehículo eléctrico y la demanda de baterías estaban por venir”, comenta Caspar Rawles, analista en Benchmark Mineral Intelligence. También influye la demanda de otros metales como el cobre y el níquel, ya que el cobalto se extrae como su subproducto.

Pese a que la demanda bajó, el cobalto sigue siendo irreemplazable. Proenza advierte que “el níquel y el manganeso son buenos sustitutivos, pero el rendimiento del producto puede ser menor, por lo que se puede reemplazar parcialmente el cobalto, pero no prescindir de él”. Se estima que en 2030 el uso del cobalto en baterías de iones de litio se pueda reducir alrededor de un 30%.

El profesor de recursos minerales también opina que “estas tecnologías 'verdes' son totalmente dependientes de la disponibilidad de recursos minerales, y para la extracción de sus componentes –metales, básicamente– hay que invertir recursos energéticos, principalmente petróleo”, además del impacto medioambiental que genera la minería. El cambio de modelo nos emancipa de las energías fósiles, pero nos hace dependientes de metales que son escasos, o muy escasos, en la corteza de nuestro planeta.

Fuente: AFP.

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